Educar e instruir
Idalia Cornieles Díaz
Educar e instruir no son peldaños de una misma
escalera, sino dos dimensiones de la existencia que hoy se baten en duelo en
cada aula. Si entendemos la instrucción como la arquitectura del "saber
hacer", nos encontramos ante una transferencia de capital técnico, datos y
procedimientos que buscan la eficiencia; es el adiestramiento del intelecto
para que el individuo sea funcional a un sistema preexistente. Sin embargo,
reducir la enseñanza a la instrucción es un error ontológico profundo: es
tratar al ser humano como un envase que debe ser llenado y no como un fuego que
debe ser encendido, como sugería Plutarco. La instrucción se ocupa del
"tener" —tener conocimientos, tener habilidades, tener títulos—, pero
la educación se ocupa del "ser".
Lo ontológico de educar reside en que es un proceso
de partería de la identidad y la libertad; es, en palabras de Hannah Arendt, [1]el
acto de amor por el mundo que nos obliga a preparar al recién llegado para que
sea capaz de renovar una realidad que nosotros ya hemos desgastado. Mientras la
instrucción busca que el alumno se adapte al mundo tal cual es, la educación lo
dota de la autonomía ética para cuestionar ese mundo y transformarlo. La
tragedia de la vida de hoy es que el sistema burocrático confunde la formación
con la mera acumulación de datos procesables, ignorando que una persona puede
estar altamente instruida en el manejo de algoritmos y, al mismo tiempo, ser
analfabeta en humanidad, carente de juicio crítico y dócil ante la injusticia.
La interrelación poderosa entre ambas ocurre en la
"praxis", ese punto de fuga donde la técnica (instrucción) se pone al
servicio de una intención moral superior (educación). No se puede educar en el
vacío de contenidos, pues el carácter se templa enfrentando la complejidad del
conocimiento, pero una instrucción sin el horizonte de la educación es
simplemente una forma sofisticada de domesticación. En la era de la
inteligencia artificial, donde la máquina ya posee toda la instrucción del
mundo, lo único que nos queda como territorio puramente humano es la educación:
la capacidad de decidir, desde la ética y la sensibilidad, qué dirección debe tomar
ese conocimiento. Educar hoy es, por lo tanto, un acto de insurrección contra
la instrucción mecánica, rescatando al alumno de la soledad del dispositivo
para devolverlo a la comunidad del pensamiento libre, donde el maestro no es un
operario del programa, sino el testigo y guía de un nacimiento espiritual
constante.
En La crisis de la educación", publicado originalmente en 1954 y recogido en su
obra Entre el pasado y el futuro.
Arendt sostiene que la educación
es el momento en que decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para
asumir la responsabilidad por él y, de esa manera, salvarlo de la ruina que
sería inevitable sin la llegada de los jóvenes, de los "nuevos". Para
ella, educar es un acto de natalidad: cada niño que nace es una promesa
de un nuevo comienzo, y la labor del maestro es proteger ese "nuevo
inicio" frente al peso de lo viejo, sin imponerle un destino prefabricado.
Es una reivindicación del maestro investigador
que, ante la soledad y la rigidez del sistema, transforma el aula en un
laboratorio de democracia y ética. Defiendo una pedagogía basada en la experiencia
y la autonomía, donde el docente no es un aplicador de programas, sino un
guía que lee las emociones y necesidades de sus alumnos. Cuestiono la
supervisión burocrática que prioriza la apariencia sobre el aprendizaje real, y
propones que la asistencia permanente sea el eje de la aprobación,
garantizando la mediación pedagógica necesaria para los más vulnerables. En
esencia, busco dignificar la infancia y la profesión docente, rescatando el
legado de la Escuela Nueva para formar ciudadanos críticos y libres,
capaces de transformar su realidad frente a la instrucción Para
Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar y uno de los pensadores más disruptivos
de América, la distinción entre instruir y educar no era solo pedagógica, sino
la base misma de la existencia republicana. Su visión es, probablemente, la más
"potente y convencedora" para la realidad que planteo, ya que él
entendía que instruir sin educar es formar esclavos hábiles.
Rodríguez(2001) sostenía que instruir es simplemente dar
conocimientos para un oficio o una función técnica, algo que puede hacer
cualquiera con un manual. Sin embargo, educar es crear ciudadanos. Para
él, la educación es un proceso socializador que busca el "bien
común". Su máxima era que no basta con saber leer y escribir
(instrucción), si no se sabe para qué se lee y para quién se escribe
(educación).
En su pensamiento, la interrelación es vital: la instrucción proporciona
las herramientas, pero la educación proporciona la dirección ética. Él afirmaba
que "instruir no es educar", pues se puede estar muy instruido y ser
un "pillo" o un egoísta. La educación es lo que nos hace humanos y
miembros de una sociedad solidaria.
Rodríguez(2001) planteaba que el error de las naciones era confundir la
acumulación de datos con la formación de hombres. Instruir es una tarea
mecánica que se queda en la superficie del intelecto, mientras que educar es
una labor profunda que penetra en las costumbres y los sentimientos. Él
defendía una educación "para todos", no como un acto de caridad, sino
como una necesidad política: si no educamos a los que vienen, ellos se
encargarán de destruir lo que hemos construido por pura ignorancia social. En
la vida de hoy, la visión de Rodríguez es un grito contra la educación que solo
busca fabricar empleados, recordándonos que el fin último de la escuela es
"formar ciudadanos para la libertad" y no piezas para la maquinaria
del mercado.
Esta aproximación me permite decir
que la síntesis final entre el pensamiento de Simón Rodríguez y
el legado de la Escuela Nueva es el cierre perfecto para la
reivindicación del maestro investigador. Al unir estos dos mundos,
transformamos la teoría en una herramienta de combate contra la rigidez del
sistema actual.
La interrelación se produce cuando entendemos que la Escuela Nueva
(con figuras como Dewey, Freinet o Montessori) no hizo más que tecnificar y
expandir ese grito original de Rodríguez: la educación debe partir de la vida y
para la vida. Si Rodríguez nos advirtió que "instruir no es educar",
la Escuela Nueva nos dio el "cómo" hacerlo en el aula: a través de la
experiencia, el interés del niño y la democracia participativa.
En esta narrativa, el aula deja de ser una celda de instrucción mecánica
para convertirse en una pequeña república. Aquí, la asistencia permanente
que defiendo cobra un sentido trascendental: no se asiste para recibir una
lección de datos, se asiste para participar en la construcción de una
comunidad. Para la Escuela Nueva, el aprendizaje es un proceso social, y para
Rodríguez, "entreayudares es la ley de las sociedades". Por lo tanto,
el docente no "aplica" un programa; el docente media entre el
saber técnico (instrucción) y la formación del carácter (educación), leyendo en
las emociones de sus alumnos las señales de su autonomía.
Esta visión es hoy una forma de resistencia política. Frente a la
burocracia que pide papeles, nosotros ofrecemos procesos; frente a la
instrucción que busca dóciles aplicadores, nosotros formamos ciudadanos
críticos. Es rescatar el "Inventamos o erramos" de Rodríguez para
aplicarlo al laboratorio del aula, donde cada niño es respetado en su dignidad
y cada maestro es dignificado en su labor de investigador de la realidad.
Objetivo General de
este material
Reivindicar la figura del docente como investigador y guía ético,
diferenciando la instrucción mecánica de la educación ontológica, para proponer
una praxis pedagógica basada en la autonomía, la libertad y la formación de
ciudadanía crítica en el contexto actual.
Objetivos
Específicos
Analizar la dicotomía entre instruir y educar a partir de las
dimensiones del "tener" (capital técnico) y el "ser"
(identidad), exponiendo los riesgos de reducir la enseñanza a una mera
transferencia de datos.
Fundamentar el acto educativo como un proceso de
"natalidad" y responsabilidad política, integrando el pensamiento de
Hannah Arendt para comprender el aula como un espacio de renovación del mundo.
Contrastar la instrucción técnica con la formación
ciudadana según la visión de Simón Rodríguez, argumentando por qué el
conocimiento sin dirección ética conduce a la formación de "esclavos
hábiles".
Sintetizar los aportes de la Escuela Nueva con el
pensamiento crítico latinoamericano, estableciendo la experiencia, la
democracia participativa y el interés del alumno como herramientas de
resistencia frente a la burocratización escolar.
Proponer la "asistencia permanente" y la
mediación pedagógica como ejes fundamentales para dignificar la labor docente y
garantizar el derecho a una educación humana, especialmente en sectores
vulnerables.
Referencias Bibliográficas
Arendt,
H. (1996). La crisis de la educación. En Entre
el pasado y el futuro: Ocho ejercicios de reflexión política (pp. 185-208).
Península. (Obra original publicada en 1954).
Dewey,
J. (1995). Democracia y educación: Una
introducción a la filosofía de la educación (L. Luzuriaga, Trad.). Morata.
(Obra original publicada en 1916).
Freinet,
C. (1970). La educación por el trabajo.
Fondo de Cultura Económica.
Freire,
P. (2005). Pedagogía del oprimido
(2.ª ed.). Siglo XXI. (Obra original publicada en 1968).
Freire, P. (1997). Pedagogía
de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI
Editores.}
Larrosa,
J. (2019). P de Profesor. Noveduc.
Montessori,
M. (2003). El método de la pedagogía
científica: Aplicado a la educación de la infancia en las "Case dei
Bambini". Biblioteca Nueva.
Palacios,
J. (1978). La cuestión escolar: Críticas
y alternativas. Laia.
Piaget,
J. (1964). Seis estudios de psicología.
Seix Barral.
Rodríguez,
S. (2001). Sociedades Americanas en
1828: Cómo serán y cómo podrían ser en los siglos venideros. Biblioteca
Ayacucho. (Compilación de escritos originales de 1828, 1842 y 1843)
[1] Arendt, H. (1996). La crisis de la educación. En Entre
el pasado y el futuro: Ocho ejercicios de reflexión política (pp. 185-208).
Península. (Obra original publicada en 1954).
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