lunes, 23 de febrero de 2026

 

¿Quién educa y quién instruye? Una mirada ética y contextual

Educar e instruir no son actos equivalentes, aunque a menudo se entrelazan en la experiencia vital de cada ser humano. La educación, en su sentido más profundo, implica formar en valores, en sensibilidad, en responsabilidad ética y en la capacidad de convivir con otros. La instrucción, por su parte, se orienta a la transmisión sistemática de conocimientos, habilidades y competencias. Ambas dimensiones son necesarias, pero no siempre provienen de las mismas fuentes ni con la misma intención. A veces se confunden los términos.

La familia es, por excelencia, el primer espacio educativo. No solo transmite normas de convivencia, sino que modela afectos, actitudes y formas de estar en el mundo. Como señala Jaime (2022), “los padres son los responsables, ante la ley, de la educación de sus hijos […] y el factor que más influye en la educación de los menores es el ejemplo”. En este sentido, la familia educa desde el cuerpo, desde la mirada, desde la repetición amorosa o violenta de los gestos cotidianos. La familia  bien sea, la natural, o la asumida en un momento dado, por  adopción , u otra forma.

La escuela, en cambio, ha sido históricamente concebida como el lugar de la instrucción. Allí se sistematizan saberes, se organizan contenidos, se evalúan desempeños. Sin embargo, cuando la escuela asume su responsabilidad ética, también educa. Como afirma Pittaro (2015), “la escuela tiene un cometido específico […] muchos padres delegan en ella la responsabilidad del cuidado y formación del niño durante el día”. Esta delegación no es solo logística, sino simbólica: la escuela se convierte en coeducadora, en tanto que puede reforzar o contradecir los valores familiares.

La sociedad, por último, educa e instruye de manera difusa pero poderosa. A través de los medios de comunicación, las redes sociales, las leyes, los discursos públicos y las prácticas culturales, la sociedad moldea imaginarios, legitima comportamientos y sanciona desviaciones. Como recuerda Bejarano Céspedes (2022), “educar en valores implica una vocación de servicio y compromiso ético con la transformación social”. La sociedad instruye cuando impone normas, pero educa cuando inspira, cuando ofrece modelos de ciudadanía, de solidaridad o de resistencia.

En suma, la familia educa desde el origen, la escuela instruye con método y puede educar con vocación, y la sociedad educa e instruye desde sus múltiples lenguajes. La tarea ética de nuestro tiempo es lograr que estas tres instancias no se contradigan, sino que se acompañen en la formación de sujetos libres, sensibles y responsables.

Si nos acogemos a lo que se señala  como instruir en tanto   se enfoca en dotarlos de herramientas cognitivas y técnicas, podemos concluir que  la familia puede y debe generar herramientas cognitivas y técnicas en el niño. Estas herramientas se desarrollan desde los primeros años de vida a través de la interacción cotidiana, el lenguaje, el juego, la resolución de problemas y el acompañamiento afectivo.

Según Chicaiza Taípe y Villamar Muñoz (2024), la familia es un agente educativo activo que puede crear entornos enriquecidos para el desarrollo intelectual y emocional del niño. Entre las herramientas que puede fomentar se encuentran:

Lenguaje y comunicación: La familia introduce al niño en el uso del lenguaje como mediador del pensamiento, lo que fortalece la memoria, la atención y la capacidad de razonamiento.

Resolución de problemas: A través del juego, las tareas cotidianas y la toma de decisiones compartidas, se estimula el pensamiento lógico y la creatividad.

Autorregulación emocional y cognitiva: El acompañamiento afectivo permite al niño aprender a manejar la frustración, planificar acciones y controlar impulsos.

Hábitos de estudio y autonomía: La familia puede instruir en técnicas básicas como la organización del tiempo, la concentración y el uso de materiales escolares.

Motivación y confianza: El reconocimiento y la valoración del esfuerzo fortalecen la autoestima y la disposición para aprender.

Estas herramientas no solo preparan al niño para la escuela, sino que lo forman como sujeto activo, capaz de aprender, adaptarse y transformar su entorno.

La familia como agente educativo activo es capaz de generar entornos enriquecidos que favorezcan el desarrollo intelectual y emocional de sus miembros” (Chicaiza Taipe & Villamar Muñoz, 2024,

Muchos  niños  llegan a la escuela sabiendo leer y escribir  y  con algunos conocimientos en matemática. En otras palabras vale pensar  que Educación e Instrucción pueden tener componentes que se interceptan  y componentes   que se complementan.

En consecuencia  la escuela  educa cuando forma valores, ciudadanía, sensibilidad ética y pensamiento crítico, además de transmitir conocimientos. Autores como Paulo Freire, “La educación no es neutra. O se convierte en un instrumento de liberación o en un instrumento de domesticación” (Freire, 1970).

Emile Durkheim” La escuela es el medio por el cual la sociedad perpetúa y transforma su cultura” (Durkheim, 1922).

 Juan Delval sostienen esta idea con fuerza.

“La escuela no solo transmite conocimientos, sino que educa en formas de pensar, sentir y actuar” (Delval, 2002).

Formación en valores: A través de normas de convivencia, resolución de conflictos y proyectos comunitarios, la escuela enseña respeto, solidaridad y responsabilidad.

Educación ciudadana: Mediante el estudio de historia, derechos humanos y participación democrática, la escuela forma sujetos capaces de transformar su entorno.

Desarrollo del pensamiento crítico: Al promover el debate, la reflexión y la lectura comprensiva, la escuela educa en autonomía intelectual.

Inclusión y diversidad: Al acoger estudiantes de distintos orígenes, la escuela educa en tolerancia y pluralidad.

Educación emocional: En espacios afectivos y seguros, la escuela puede enseñar a reconocer y gestionar emociones.

Es necesario entonces superar la dicotomía entre Educación  e instrucción, ahora bien,  ¿cómo superar la dicotomía entre educación e instrucción, sin negar sus matices?

En mi concepto superar la dicotomía y ver  e integrar educación e instrucción como acto ético y transformador implica  eliminar el debate que separa educación e instrucción, pero ello no significa negar sus diferencias, sino reconocer su complementariedad y redefinir sus límites desde una ética del cuidado, la dignidad y la transformación.

Es necesario reconceptualizar, redefinir  desde la praxis y plantearse  que

Educar no es solo formar en valores, ni instruir es solo transmitir contenidos. Toda instrucción puede ser educativa si se orienta al sentido, a la justicia y a la libertad. Como afirma Paulo Freire:

No hay enseñanza sin aprendizaje. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos” (Freire, 1997, p. 23).

Referencias

Bejarano Céspedes, J. (2022). Educar en valores: Vocación de servicio y compromiso ético con la transformación social. Bogotá: Editorial Académica.

Chicaiza Taípe, J., & Villamar Muñoz, M. (2024). La familia como agente educativo activo. Quito: Universidad Central del Ecuador.

Delval, J. (2002). La educación y la sociedad. Madrid: Morata.

Dewey, J. (1938). Experiencia y educación. Nueva York: Macmillan.

Durkheim, É. (1922). Educación y sociología. París: Félix Alcan.

Freinet, C. (1964). La educación del trabajo. Barcelona: Editorial Laia.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI Editores.

Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. México: Siglo XXI Editores.

Jaime, J. (2022). La familia y la educación de los hijos. Madrid: Editorial Síntesis.

Kant, I. (1803). Sobre pedagogía. Königsberg: Friedrich Nicolovius.

Lasheras, A. (1987). Pedagogía y ciencias de la educación. Madrid: Narcea.

Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. París: UNESCO.

Ortega y Gasset, J. (1930). Misión de la universidad. Madrid: Revista de Occidente.

Piaget, J. (1970). La psicología y la pedagogía. Barcelona: Ariel.

Pittaro, A. (2015). La escuela como espacio de instrucción y educación. Buenos Aires: Paidós.

Rousseau, J.-J. (1762). Emilio, o De la educación. París: Jean Néaulme.

Skinner, B. F. (1954). Science and human behavior. Nueva York: Free Press.

Touriñán López, J. M. (2018). Educación, valores y competencias. Santiago de Compostela: Andavira Editora.

Si trabajaste con traducciones (ejemplo: Rousseau, Kant, Freire), debes citar la edición que realmente usaste.

Para citas textuales, recuerda incluir página específica (ejemplo: Freire, 1997, p. 23).

Si alguna fuente es un artículo o capítulo de libro, habría que añadir datos de revista, volumen, número y páginas.

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