LA CIUDAD PEDAGÓGICA
Contextualización
Partimos del soporte de la carta
propuesta en el primer Congreso Internacional sobre Ciudades Educadoras realizado en 1990
en Barcelona, España, la cual varias ciudades
del mundo han asumido como un compromiso
para implementar aquellas acciones educativas
que permita utilizar a la
ciudad en acciones educativas. Donde el
sujeto aprende en la ciudad y con la
ciudad, partiendo de los recursos que ella ofrece. Y buscar además la posibilidad de comprometer a
los entes públicos en tal tarea. Cuestión que aludimos como importantes,
pues si no hay ese compromiso, social,
político, económico y cultural difícilmente se puede potenciar
esa idea.
Cuando
asumimos el concepto de ciudad
pedagógica lo hacemos desde lo teleológico, lo axiológico y lo conceptual. Lo teleológico lo planteamos desde el punto de vista de la finalidad de la misma, lo
axiológico lo identificamos con los valores de la institución, de la organización del aparato escolar y de
todas las organizaciones que hacen vida en una comunidad, y son reguladores de su accionar. Por
supuesto, ello envuelve lo deontológico
como el conjunto de normas que
determinan su comportamiento asociado a
los roles y valores que determinan el comportamiento de un ser. Incluye los objetivos a lograr a través de sus postulados, y los
valores que de ello derivan, fundamentalmente valores éticos y morales
como principio de todo convivir
para poder vivir. En consecuencia al asumir esta temática
es necesario contextualizar nuestros planteamientos que puedan constituir
unos cuerpos coherentes de proposiciones alrededor del problema
planteado. Ello nos lleva necesariamente
a delimitar nuestra propuesta dentro del campo urbano y contextualizarla en el plano epistémico a
fin de justificar nuestras acciones y propuestas, desde una perspectiva
general y pedagógica, donde estamos
asumiendo no solo elementos del campo
educativo, sino también gerencial, administrativo y pedagógico. Elementos que involucran una
diversidad de disciplinas y que hacen el
enfoque interdisciplinario y sistémico.
Y dan corporeidad a nuestro
planteamiento.
Desde un sentido amplio
e interdisciplinario no es posible hoy asumir un planteamiento sin
considerar los bordes de las diversas disciplinas. Disciplinas cuyos perfiles
se vuelven difusos y se entrecruzan
ante el planteamiento de diversos problemas. Un problema que atañe al ciudadano, al ser, al
hombre amarra diversas situaciones que van desde lo pragmático, en cual discurre
su cotidianidad, hasta lo ético, pasando
por su hacer. Y donde
los diversos elementos a considerar
en ese hacer, no sólo incluye instrumentos y metódicas, sino que también incluye las
posibilidades de su hacer, sus reflexiones, y
su necesidad de crecer como ser
humano, como ciudadano. Y ser ciudadano implica ejercer mis derechos y acusar mis deberes. Conocer el espacio
donde vivo y sus problemas, o sus oportunidades. La posibilidad real de
discutir en las diferentes instancias
sociales las demandas de mi comunidad o
de mi espacio de vida. Mi derecho a ser tratada como un ser humano que tiene
derechos y que frente a las leyes es igual a sus semejantes, y que además
participo activamente en todos los
niveles de mi sociedad. ABC https://www.definicionabc.com/politica/ciudadania.php
lo señala como:
Se denomina ciudadanía a la
pertenencia a una determinada comunidad política. Es decir, la ciudadanía es lo
que expresa la pertenencia de un individuo en una sociedad dada en la que por
supuesto participa activamente en todos sus niveles. En occidente por ejemplo
el ciudadano dispone de una serie de atributos legales y al mismo tiempo
integra la comunidad política de la nación en la cual participa. El ser un
ciudadano de tal o cual territorio implica tener desarrollado el sentimiento de
pertenencia y de identidad de ese lugar geográfico y en el cual, claro, se
interactuará socialmente con responsabilidad y disponiendo de derechos y
respetando las obligaciones pertinentes que surjan de ese status. Por caso, la
ciudadanía otorga.
Dentro
de este planteamiento la educación juega un papel fundamental, y como hemos
dicho anteriormente, la educación del ser
es un problema tan complejo que no debe quedar en las manos solo de los
educadores. En este sentido, el que debe ser garante de la educación en un
país, debe ser su sistema educativo en toda la extensión de la palabra y por tanto debería verse obligado a
reconocer las exigencias que de ello se derivan. No se trata de crear reglas y leyes arbitrarias que nadie cumple, se trata de generar desde la actitud del hombre, hasta los elementos que hagan viable su
participación en la vida ciudadana. Allí los medios de comunicación, las
organizaciones públicas y privadas, el
estado entre otros elementos, tienen un
papel preponderante. Si entendemos que
es necesaria la formación del ser humano
como una prioridad donde privan los valores
y su integridad como ser,
podemos entender, que hoy más que nunca
la educación descansa sobre la responsabilidad de todos y de cada uno. Y que es
prioritario entender que no basta, ni la
familia, ni la escuela en la formación del hombre de hoy. Y, además, que
reconocer los límites de cada uno es fundamental. Hoy educación, sociedad educadora, estados y empresas
se constituyen en núcleos fundamentales en la formación del ser humano.
Pudiera pensarse que no es posible en la
actualidad alejarse de determinadas
variables (Educación, formal, e
informal, familias, conservación del ambiente, globalización, tecnologías, justicia social) so riesgo de perder el norte de nuestra
existencia.
En este caso la familia
y la escuela como organizaciones han dado siempre el apoyo
a esa formación del hombre; pero la familia por diversas razones ha ido perdiéndose en la contemporaneidad y la
escuela ha seguido sus pasos. La escuela
insertada en un subsistema de
mayores proporciones y del cual derivan
sus leyes y normas, erige a los sujetos
como sujetos que tienen una dimensión
individual y cuya ética se asocia a su
nivel de consciencia para asumir sus responsabilidades ante la sociedad en su conjunto. En este orden de ideas su moralidad está imbuida en el proceso y lo ayuda a la toma de decisiones. No obstante, este hombre se mueve en una sociedad
o un entorno social y público al
cual se debe y le deben. Dentro de este
marco existen los enseñantes, que diferenciamos
del educador, pues siempre que exista
uno que quiere aprender y uno que quiere ser enseñado existirá el enseñante, y la clave del éxito de ese
proceso estará en función de lo que
queremos lograr y lo que se debe lograr, bajo principios éticos que afecten positivamente a quien se enseña y
al que enseña. Como dice Guédez
(2001,50) “el poder da fuerza, el querer
promueve rumbos, y el deber aporta
claridad “.
Si se entiende que la
base de relaciones que se
establecen dentro de una
organización configura la garantía de su
hacer y de generar buenos resultados, éstas relaciones
deben establecerse y colocarse sobre el
tapete del interactuar entre individuos.
Reiteramos que los individuos no son
islas, no son penínsulas, son el núcleo de una sociedad. Cuando apreciamos estas ideas a lo que hemos llamado ciudad
pedagógica, estamos hablando del hombre
y su relación con sus semejantes, del hombre y su entorno.
Estamos hablando de las
coberturas de su hacer, estamos hablando de su acervo cultural y su dinámica.
Desde el punto de vista teleológico nos planteamos un objetivo final, es decir lo que
se trata de buscar, y
nuestras ideas son
las de generar un planteamiento sobre
la ciudad donde ésta colabore con la formación del hombre. Un hombre
ético y moral, amante de la
ciudadanía la ejerce a plenitud. En consecuencia a partir de esta idea
precisamos los principios y
reglas que determinan la ciudad
pedagógica, y como de
alguna manera ello nos afecta.
_Esto implica_ una
ciudad para vivir el hombre y su descendencia. Una ciudad que nutre y se nutre de las acciones del hombre. Una urbe que se apoya en ella y en sus organizaciones, que reconoce a sus
habitantes, que se apoya en ellos y en
sus experiencias, y cuyos habitantes obran conforme a la ética
y se fundamentan en la moral, para
gerenciar su vida.
_En consecuencia, los habitantes de una
ciudad pedagógica deben conocer su realidad
si la quieren cambiar.
Determinar cuáles son sus debilidades
y fortalezas para trazarse metas
claras y precisas, en torno
también de valores claros, logrables y posibles.
_Una ciudad pedagógica
debe hacer uso de los recursos que le ofrecen las tecnologías, no para deshumanizarnos, sino para apoyarse en
ellos y superar dificultades. En este
sentido ella es y debe ser creada con un
gran sentido de responsabilidad.
Dicha
urbe a nuestro parecer debe
entenderse como un sistema que funciona y opera inscrito
dentro de los ecosistemas existentes, donde el mismo tiene multiplicidad de relaciones e
intercambia información con los otros sistemas
y subsistemas. No es una entidad político-.administrativa, es una forma
operacional para hacer funcionar una
organización, en este caso la “ciudad pedagógica” Asumiendo a Bertalanffy la filosofía de los sistemas es la reorientación del pensamiento, es ver
al mundo como una gran organización. Las leyes de una ciudad pedagógica son las
leyes que tienen un país, un municipio, una alcaldía. Ella es una forma de organizarse para vivir mejor, de vivir en el
respeto y la tolerancia. Es una forma d entender que la ciudad educa a través de las acciones de sus
ciudadanos.
Así
asumimos concebirla como algo que va más
allá del sistema educativo de un país,
pero lo incluye. Un concepto que
encierra desde los valores del hombre como ser
creativo, idealista, humano, y que
envuelve los principios rectores
de su actuar y sus comportamiento ante sus iguales y ante la
sociedad en su conjunto. Caracteriza al ser humano, su actuación, su
forma de actuar ante los otros y las decisiones que debe tomar. Sus
valores y principios ayudan a reforzar y a reafirmar
sus principios éticos y morales.
Nos atreveríamos a firmar
que es un ser formado en
principios éticos y morales que lo
alejen de la animalidad y la
brutalidad y que asume posiciones bien intencionadas y nunca en perjuicio de sus congéneres. Un ser ético respeta a
su homólogo, su derecho a expresarse con
libertad, y se erige ante las circunstancias adversas, aún con
riesgo de su propia vida. Asumimos la ciudad pedagógica como una empresa, como
una organización donde sus clientes son los seres humanos. Donde el liderazgo
parte de los docentes y de los miembros de la comunidad donde labora. Donde cada uno de
ellos tiene suficiente potencialidad para sacar a flote la empresa. Empresa
donde el capital somos los hombres, y el producto es
la formación y capacitación del ser humano, para ser ético, moral y responsable de su propia vida y de la vida de su comunidad. La ciudad
pedagógica se apoya en su ambiente sociocultural y político-administrativo y
organizacional, no está por encima de ellos, sino que ellos son su soporte, son
los elementos indispensables para que ella pueda funcionar. Una ciudad
pedagógica está más definida por su funcionamiento entre sus elementos que por
una actividad político-territorial.
Asumir conceptualizar lo que hemos
llamado ciudad pedagógica implica reconocer
que esa concepción no la podemos
dejar al margen del sistema
sociopolítico donde se inserta, sino que
es la ciudad desde el punto de
vista operacional y funcional. Que dicho
concepto va más allá de los fueros políticos y educativos. Hacer caso omiso de ello es perder la
guía y
la direccionalidad de la acción. En este caso, es aceptar como no posible estructurar una ciudad pedagógica, dejando la educación del ciudadano solo en manos de
unos pocos, y no tener clara la direccionalidad y las
diversas apetencias y manifestaciones personales que pueden contribuir a colapsar
y a evitar el éxito de la conformación de un ciudadano. No puede
concebirse, bajo la idea de ser una ciudad pedagógica si no existe
ni la voluntad ni el poder de
recrearla, y por supuesto, sería muy
difícil la sobrevivencia de la misma. Una idea de esta naturaleza implica
compromisos éticos, administrativos,
gerenciales, políticos, culturales y
sociales entre otros.
En primer lugar tratamos de usar los conceptos hasta ahora manejados
que iremos precisando a lo largo del
texto, y lo cual solo asumimos desde una amplia perspectiva, sin hacer de ello
una camisa de fuerza. Así al hablar de una ciudad pedagógica hacemos referencia a la ciudad, al pueblo, al barrio al lugar donde
vive el hombre, a fin de no limitar la
comprensión del concepto. No aludimos a su organización político territorial,
pues ella es parte de dicha organización
(parroquia, alcaldía, municipio, ciudad,
distrito, estado). La idea es “actuar” dentro de “la ciudad” con la consciencia y la voluntad de hacerlo bien y en función de
nuestros semejantes practicar la ciudadanía. La ciudad pedagógica la asumimos
como un concepto operacional y
funcional. Por tanto una ciudad, una alcaldía, un municipio, una parroquia
(barrio en otros países) puede asumir la conceptualización operacional de
ciudad pedagógica. Lo importante a
nuestro entender es que se apropie del concepto y le permita ponerlo en
práctica. Si un barrio, un municipio se
acoge a ello, genera un sentimiento de
arraigo, de identidad, de amor por su localidad, y sumando esas acciones en
diferentes barrios vamos conformando un país pedagógico.
Una ciudad
pedagógica contribuye a la formación de sus ciudadanos. De ella surgen las pautas del actuar. Es la ciudad
como enseñante y nos cubre a todos.
Dejamos claro que no buscamos
conceptualizaciones y esquemas que lejos de clarificar nuestra propuesta la
enrede y la sumerja en un mar de confusiones. Nuestro pensamiento es esbozar algunas ideas que pudieran ampliarse mediante discusiones posteriores. La
primera aproximación a nuestra idea es la de un conjunto de agrupaciones socioculturales armónicamente
organizadas, que tienen claras sus
metas, sus valores, sus principios y su moralidad. Que vea al hombre como ser humano,
el cual tiene una ética que le
caracteriza como ser y que incluye su
consciencia del hacer y del actuar. Un
ser que no es necesario que se le
impongan las acciones para que las cumpla, que no necesita del garrote ni del gendarme necesario. Es un ser que vive y convive con el otro y gracias a él vive. Por tanto, ese sujeto vive en un ambiente sociocultural donde convive con otros ciudadanos que merecen el
mismo respeto que él reclama para sí. Un ciudadano que vive en una
comunidad donde hay diversos actores
y ninguno puede
asumir decisiones que destruyan al otro. Un espacio donde el hombre vive
y debe vivir en armonía. Donde los
ciudadanos organizan el trabajo en equipo, planifican sus acciones, sus metas
y objetivos, lo que quiere y con
qué y cómo hacerlo. Al planificar sus
acciones se comprometen con ellas, no se desvincula de los demás, sabe hacia dónde va, y prevé posibilidades de riesgos y cambios de
escenarios. Es el ciudadano planificando sus acciones y promoviendo junto a sus congéneres nuevas acciones en
función del bien común. Una ciudad
pedagógica administra sus bienes a través de los organismos competentes para
ello, (alcaldías, municipios, ciudad) y desde sus diversas organizaciones, y sabe
contar con sus diversas organizaciones (comunidad, centros asistenciales,
escuelas, iglesia etc.) Y busca cómo ayudarla a integrarse en virtud de sus requerimientos. Por tanto no
es una nueva forma de organizarse territorialmente, sino una forma de organizar
las acciones para hacer vivible la ciudad. Una Ciudad pedagógica hace énfasis en la planificación de las acciones.
Afinar los elementos de una ciudad pedagógica
implica considerar los elementos
organizativos, administrativos, gerenciales, procedimentales, políticos y socioculturales que conforman una “ciudad”,
donde los valores son fuentes y guías de
la acción. Una organización que tiene
líderes, garantes de su desarrollo
y que saben la misión
y la visión de su organización. Que
estructuran los procesos administrativos fiadores de sus acciones, a
través de un cuerpo de objetivos y metas
claras y precisas. Una organización que
da importancia a sus habitantes, como garantes de la vida que se vive en la
ciudad y son avalistas de un ambiente
propicio de ciudadanía. Una ciudad pedagógica mima a sus docentes, a sus
habitantes, a sus líderes, en toda la
extensión de la palabra, y mimar
significa generarles ambientes propicios,
satisfacer sus necesidades, sueldos dignos, reconocer su trabajo, reconocerle benéficos, ayudarlos a en su mejoramiento profesional. Por tanto
ella se apoya en la organización político-territorial, y no se confunde con
ella, pero participa en dicha
organización con voz y voto a través de
sus voceros. Y sus voceros son los representantes de las organizaciones que
hacen vida en la comunidad. (Escuelas, hospitales, grupos culturales, sedes
bancarias, centros comerciales, los
comercios, las escuelas, los liceos, sus
universidades, obreros, trabajadores, es
decir todos los que habitan ella).
En
una ciudad pedagógica la escuela junto a
las demás organizaciones se convierte en
los centros fundamentales para el cambio y renovación de los saberes,
para el trabajo en equipo, para el cultivo del liderazgo,
para armonizar y concertar
esfuerzos; pero no se dejan de lado
las organizaciones académicas, culturales, políticas, constituyéndose en un medio
para ayudar a repotenciar las capacidades del hombre. Así por ejemplo,
sabiendo que la escuela es una de las instituciones más viejas
creadas por el hombre para capacitarse, mejorar sus condiciones de vida y la de sus congéneres, ella se ve afectada por los propios procesos que en una ciudad pedagógica se suceden. Afección que debe ayudarla en su
dinamismo y en su evolución. Por tanto
en la ciudad pedagógica, la escuela deja de ser un centro cerrado para convertirse en un sistema integrado al mundo cultural, social,
político, cultural, administrativo y
gerencial del mundo de hoy. Como una gran empresa está en la obligación de integrarse a la sociedad en un proceso
continuo y permanente. La naturaleza
global nos obliga a pertenecer al planeta entero, y las conquistas del
hombre no son solo de un grupo sino que se abre
a través de las redes
informáticas al planeta. Como dice Bertalanffy (1976:214)”
las diferencias entre oriente y occidente
acaban por volverse
insignificantes, en vista de la semejanza en la cultura material, que a la
larga demostrará ser más fuerte que la diferencia ideológica”.
Es por este rumbo que vemos nacer la
ciudad pedagógica y que de alguna manera
nos incita a pensar en un nuevo modelo
de hombre, que es el hombre ciudadano activo que conoce y
comparte su vida con el otro, que
conoce y práctica sus valores. Un
hombre inserto en un subsistema
sociocultural económico y
político que vive y da significado a lo que aprende y lo práctica, que respetando al otro, afianza sus valores éticos, morales y espirituales. En una ciudad
pedagógica cada uno tiene una meta
pero todas ellas confluyen un
fin: Formar al hombre como ser humano.
La escuela no se escapa en ninguna de
sus manifestaciones en los diferentes
niveles del sistema educativo. Veamos el planteamiento de Le Corbusier con
respecto a la ciudad radiante.
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