miércoles, 29 de mayo de 2019


LA CIUDAD  PEDAGÓGICA

Contextualización

 

Partimos del soporte    de  la carta  propuesta en el primer Congreso Internacional  sobre Ciudades Educadoras realizado en 1990 en Barcelona, España,  la cual varias ciudades del mundo han asumido como un  compromiso para implementar aquellas acciones educativas  que  permita utilizar a la ciudad  en acciones educativas. Donde el sujeto aprende en la ciudad  y con la ciudad, partiendo de los recursos que ella ofrece. Y  buscar además la posibilidad de comprometer a los entes públicos en tal tarea. Cuestión que aludimos como importantes, pues  si no hay ese compromiso, social, político,  económico  y cultural difícilmente se puede potenciar esa idea.
       Cuando asumimos el concepto de  ciudad pedagógica lo hacemos desde lo teleológico, lo axiológico  y lo conceptual. Lo teleológico  lo planteamos desde el punto de  vista de la finalidad de la misma, lo axiológico lo identificamos con los valores    de la institución,  de la organización del aparato escolar y de todas las organizaciones que hacen vida en una comunidad,  y son reguladores de su accionar. Por supuesto, ello envuelve  lo deontológico como el conjunto de normas  que determinan su  comportamiento asociado a los roles  y valores que determinan  el comportamiento de un ser. Incluye  los objetivos a  lograr a través de sus postulados, y los valores que de ello derivan, fundamentalmente valores éticos   y morales  como principio de todo convivir  para poder vivir. En consecuencia al asumir  esta temática  es necesario contextualizar nuestros planteamientos que puedan  constituir  unos cuerpos coherentes de proposiciones alrededor del problema planteado. Ello nos lleva necesariamente  a delimitar nuestra propuesta dentro del campo urbano y  contextualizarla en el plano epistémico a fin  de justificar nuestras acciones  y propuestas, desde una perspectiva general  y pedagógica, donde estamos asumiendo no  solo elementos del campo educativo, sino también gerencial, administrativo  y pedagógico. Elementos que involucran una diversidad de disciplinas  y que hacen el enfoque interdisciplinario y sistémico.  Y dan corporeidad  a nuestro planteamiento.
Desde un sentido amplio  e interdisciplinario no es posible hoy asumir un planteamiento sin considerar los bordes de las diversas disciplinas. Disciplinas cuyos perfiles se vuelven difusos   y se entrecruzan ante el planteamiento de diversos problemas. Un problema  que atañe al ciudadano, al ser, al hombre   amarra  diversas situaciones  que van desde lo pragmático, en cual discurre su cotidianidad, hasta lo  ético, pasando por  su hacer.  Y donde  los diversos elementos a considerar  en ese hacer, no sólo incluye instrumentos  y metódicas, sino que también incluye las posibilidades de su hacer, sus reflexiones, y  su necesidad de  crecer como ser humano, como ciudadano. Y ser ciudadano implica ejercer mis derechos  y acusar mis deberes. Conocer el espacio donde vivo y sus problemas, o sus oportunidades. La posibilidad real de discutir  en las diferentes instancias sociales las demandas de mi comunidad  o de mi espacio de vida. Mi derecho a ser tratada como un ser humano que tiene derechos  y que frente a las leyes  es igual a sus semejantes, y que además participo activamente  en todos los niveles de mi sociedad. ABC https://www.definicionabc.com/politica/ciudadania.php lo señala como:
 Se denomina ciudadanía a la pertenencia a una determinada comunidad política. Es decir, la ciudadanía es lo que expresa la pertenencia de un individuo en una sociedad dada en la que por supuesto participa activamente en todos sus niveles. En occidente por ejemplo el ciudadano dispone de una serie de atributos legales y al mismo tiempo integra la comunidad política de la nación en la cual participa. El ser un ciudadano de tal o cual territorio implica tener desarrollado el sentimiento de pertenencia y de identidad de ese lugar geográfico y en el cual, claro, se interactuará socialmente con responsabilidad y disponiendo de derechos y respetando las obligaciones pertinentes que surjan de ese status. Por caso, la ciudadanía otorga.
Dentro de este planteamiento   la educación  juega un papel fundamental, y como hemos dicho anteriormente, la educación del ser  es un problema tan complejo que no debe quedar en las manos solo de los educadores. En este sentido, el que debe ser garante de la educación en un país, debe ser su sistema educativo en toda la extensión de la palabra  y por tanto debería verse obligado  a  reconocer   las  exigencias que de ello  se derivan. No se trata  de crear reglas  y leyes arbitrarias que nadie cumple, se trata  de generar desde la actitud  del hombre,  hasta los elementos que hagan viable su participación   en la vida  ciudadana. Allí  los medios de comunicación, las organizaciones públicas  y privadas, el estado entre otros elementos,  tienen un papel preponderante. Si entendemos  que es necesaria  la formación del ser humano como una prioridad donde privan los valores  y su   integridad como ser, podemos entender, que  hoy más que nunca la educación descansa sobre la responsabilidad de todos y de cada uno. Y que es prioritario  entender que no basta, ni la familia, ni la escuela en la formación del hombre de hoy. Y, además, que reconocer los  límites de cada uno  es fundamental. Hoy educación,  sociedad educadora, estados  y empresas  se constituyen en núcleos fundamentales en la formación del ser humano. Pudiera pensarse que no es posible  en la actualidad alejarse  de determinadas variables  (Educación, formal, e informal, familias, conservación del ambiente, globalización, tecnologías,  justicia social)  so riesgo de perder el norte de nuestra existencia.
 En este caso la  familia   y la escuela  como  organizaciones  han dado siempre  el apoyo  a esa formación del hombre; pero la familia por diversas razones ha  ido perdiéndose en la contemporaneidad y la escuela  ha seguido sus pasos.  La escuela  insertada  en un subsistema de mayores proporciones  y del cual derivan sus leyes  y normas, erige a los sujetos como  sujetos que tienen una dimensión individual   y cuya ética se asocia a su nivel de consciencia para asumir sus responsabilidades  ante la sociedad en su conjunto. En  este orden de ideas   su moralidad está imbuida en el proceso   y lo ayuda a la toma de decisiones.  No obstante, este hombre se mueve en una  sociedad  o un entorno social  y público al cual se debe  y le deben. Dentro de este marco  existen los enseñantes, que  diferenciamos  del educador, pues siempre que exista  uno que quiere aprender y uno que quiere ser enseñado existirá  el enseñante, y la clave del éxito de ese proceso estará en función  de lo que queremos lograr  y lo que se  debe lograr, bajo principios éticos  que afecten positivamente a quien se enseña y al que enseña. Como dice  Guédez (2001,50) “el poder da fuerza,  el querer promueve rumbos,  y el deber aporta claridad “.
Si se entiende que  la base  de relaciones que se establecen  dentro de una organización  configura la garantía de su hacer  y de generar  buenos resultados, éstas relaciones deben  establecerse y colocarse sobre el tapete del interactuar entre  individuos. Reiteramos que los individuos  no son islas, no son penínsulas, son el núcleo de una sociedad. Cuando  apreciamos estas   ideas a lo que hemos llamado ciudad pedagógica, estamos hablando del hombre   y su relación con sus semejantes, del hombre  y su entorno.  Estamos hablando  de las coberturas de su hacer, estamos hablando de su acervo cultural y su dinámica. Desde el punto de vista teleológico nos planteamos un objetivo  final, es decir  lo que  se trata de buscar,   y nuestras  ideas  son  las de generar un planteamiento sobre  la ciudad donde ésta colabore con la formación del hombre. Un hombre ético  y moral, amante de la ciudadanía  la  ejerce a plenitud. En consecuencia  a partir de esta  idea  precisamos los principios  y reglas  que determinan la ciudad pedagógica,  y como  de  alguna manera ello nos afecta.
_Esto implica_  una ciudad para vivir el  hombre  y su descendencia. Una ciudad que nutre  y se nutre de las acciones del hombre. Una urbe  que se apoya en ella  y en sus organizaciones, que reconoce a sus habitantes, que se apoya en ellos  y en sus experiencias, y cuyos habitantes obran conforme   a la ética  y se fundamentan en la moral, para  gerenciar su vida.
_En consecuencia, los habitantes de   una ciudad  pedagógica deben conocer  su realidad  si la  quieren cambiar. Determinar  cuáles son sus  debilidades   y fortalezas  para trazarse   metas  claras  y precisas, en torno también de valores  claros, logrables  y posibles.
_Una ciudad  pedagógica debe hacer uso de los recursos que le ofrecen las tecnologías, no para  deshumanizarnos, sino para apoyarse en ellos  y superar dificultades. En este sentido ella  es y debe ser creada con un gran sentido de responsabilidad.
Dicha urbe  a nuestro parecer debe entenderse  como un sistema que funciona  y opera  inscrito  dentro de los ecosistemas existentes, donde el  mismo tiene multiplicidad de relaciones e intercambia información con los otros sistemas  y subsistemas. No es una entidad político-.administrativa, es una forma operacional  para hacer funcionar una organización, en este caso la “ciudad pedagógica”  Asumiendo a Bertalanffy   la filosofía de los sistemas  es la reorientación del pensamiento, es ver al mundo como una gran organización. Las leyes de una ciudad pedagógica son las leyes que tienen un país, un municipio, una alcaldía. Ella es una forma de  organizarse para vivir mejor, de vivir en el respeto y la tolerancia. Es una forma d entender que la  ciudad educa a través de las acciones de sus ciudadanos.
Así asumimos concebirla  como algo que va más allá del sistema educativo  de un país, pero lo incluye. Un  concepto que encierra desde los valores del hombre como ser  creativo, idealista, humano, y que  envuelve  los principios rectores de su actuar y sus comportamiento ante sus iguales  y ante la  sociedad en su conjunto. Caracteriza al ser humano, su actuación, su forma de actuar ante los otros y las decisiones que debe tomar. Sus valores  y principios  ayudan a reforzar  y a reafirmar  sus principios éticos  y morales. Nos  atreveríamos  a firmar  que es   un ser formado en principios éticos y morales que   lo alejen de la animalidad  y la brutalidad  y que  asume posiciones  bien intencionadas  y nunca en perjuicio de  sus congéneres. Un ser ético respeta a su  homólogo, su derecho a expresarse con libertad, y se  erige  ante las circunstancias adversas, aún con riesgo de su propia vida. Asumimos la ciudad pedagógica como una empresa, como una organización donde sus clientes son los seres humanos. Donde el liderazgo parte de los docentes y de los miembros de  la comunidad donde labora. Donde cada uno de ellos tiene suficiente potencialidad para sacar a flote la empresa. Empresa donde el capital somos los hombres, y el  producto es  la formación y capacitación del ser humano, para ser ético, moral y  responsable de su propia vida  y de la vida de su comunidad. La ciudad pedagógica se apoya en su ambiente sociocultural y político-administrativo y organizacional, no está por encima de ellos, sino que ellos son su soporte, son los elementos indispensables para que ella pueda funcionar. Una ciudad pedagógica está más definida por su funcionamiento entre sus elementos que por una actividad político-territorial.

Asumir conceptualizar lo que hemos llamado ciudad pedagógica  implica  reconocer  que esa  concepción no la podemos dejar al margen del  sistema sociopolítico donde se inserta,  sino que es la  ciudad desde el punto de vista   operacional y funcional. Que dicho concepto va más allá de los fueros políticos y educativos.  Hacer caso omiso de ello es perder la guía  y  la direccionalidad de la  acción.  En este caso, es aceptar como  no posible estructurar una ciudad pedagógica,  dejando   la educación del ciudadano solo en manos de unos pocos, y  no tener clara la  direccionalidad  y  las diversas  apetencias  y manifestaciones personales  que pueden  contribuir  a colapsar   y a evitar el éxito de la conformación de un ciudadano. No puede concebirse, bajo la idea de ser una ciudad pedagógica   si no existe  ni la voluntad ni el poder  de recrearla,  y por supuesto, sería muy difícil la sobrevivencia de la misma. Una idea de esta naturaleza implica compromisos  éticos, administrativos, gerenciales, políticos, culturales  y sociales entre otros.
En primer lugar tratamos de usar los conceptos hasta ahora manejados que  iremos precisando a lo largo del texto, y lo cual solo asumimos desde una amplia perspectiva, sin hacer de ello una camisa de fuerza. Así   al hablar de una  ciudad pedagógica  hacemos referencia  a la ciudad, al pueblo, al barrio al lugar donde vive el hombre, a fin de no limitar   la comprensión del concepto. No aludimos a su organización político territorial, pues ella  es parte de dicha organización  (parroquia, alcaldía, municipio, ciudad, distrito, estado). La idea es “actuar” dentro de “la ciudad”   con la consciencia  y la voluntad de hacerlo bien y en función de nuestros semejantes  practicar la  ciudadanía. La ciudad pedagógica la asumimos como un concepto operacional   y funcional. Por tanto una ciudad, una alcaldía, un municipio, una parroquia (barrio en otros países) puede asumir la conceptualización operacional de ciudad pedagógica.  Lo importante a nuestro entender es que se apropie del concepto y le permita ponerlo en práctica. Si un barrio, un municipio  se acoge a ello, genera  un sentimiento de arraigo, de identidad, de amor por su localidad, y sumando esas acciones en diferentes barrios vamos conformando un país pedagógico.
Una ciudad pedagógica contribuye a la formación de sus ciudadanos. De ella  surgen las pautas del actuar. Es la ciudad como enseñante y nos  cubre a todos. Dejamos claro  que no buscamos conceptualizaciones  y esquemas   que lejos de clarificar nuestra propuesta la enrede  y la  sumerja en un mar de confusiones.  Nuestro pensamiento es esbozar  algunas ideas que pudieran ampliarse  mediante discusiones posteriores. La primera  aproximación a nuestra  idea es la de un conjunto de  agrupaciones socioculturales armónicamente organizadas,   que tienen claras sus metas, sus valores,  sus principios  y su moralidad. Que vea  al hombre como ser  humano,  el cual  tiene una ética  que  le caracteriza como ser  y que incluye su consciencia del hacer  y del actuar. Un ser  que no es necesario que se le impongan las acciones para que las cumpla, que no necesita del garrote  ni del gendarme necesario. Es  un ser que vive  y convive con el otro  y gracias a él vive.  Por tanto, ese sujeto vive en  un ambiente sociocultural donde  convive con otros ciudadanos que merecen el mismo respeto que él reclama para sí. Un ciudadano que vive en una comunidad  donde hay diversos actores y  ninguno  puede  asumir decisiones que destruyan al otro. Un espacio donde el hombre vive y debe vivir en armonía. Donde los  ciudadanos organizan el trabajo en equipo, planifican sus acciones,   sus metas  y objetivos, lo que quiere  y con qué  y cómo hacerlo. Al planificar sus acciones se comprometen con ellas, no se desvincula de los demás,  sabe hacia dónde va,  y prevé posibilidades de riesgos y cambios de escenarios. Es el ciudadano planificando sus acciones  y promoviendo   junto a sus congéneres nuevas acciones en función del bien común.  Una ciudad pedagógica administra sus bienes a través de los organismos competentes para ello, (alcaldías, municipios, ciudad) y  desde sus diversas organizaciones, y sabe contar con sus diversas organizaciones (comunidad, centros asistenciales, escuelas, iglesia etc.)  Y busca  cómo ayudarla a integrarse  en virtud de sus requerimientos. Por tanto no es una nueva forma de organizarse territorialmente, sino una forma de organizar las acciones para hacer vivible la ciudad. Una Ciudad pedagógica hace  énfasis en la planificación de las acciones.
 Afinar los elementos de una ciudad pedagógica implica considerar  los elementos organizativos, administrativos, gerenciales, procedimentales, políticos   y socioculturales que conforman una “ciudad”, donde los valores son fuentes y  guías de la acción. Una organización que tiene  líderes, garantes de su desarrollo  y  que saben  la misión  y la visión de su organización. Que  estructuran los procesos administrativos fiadores de sus acciones, a través de un cuerpo de objetivos  y metas claras  y precisas. Una organización que da importancia  a sus habitantes, como  garantes de la vida que se vive en la ciudad  y son avalistas de un ambiente propicio de ciudadanía. Una ciudad pedagógica mima a sus docentes, a sus habitantes, a sus líderes,  en toda la extensión de la palabra,  y mimar significa generarles ambientes propicios,  satisfacer sus necesidades, sueldos dignos,  reconocer su trabajo,  reconocerle benéficos, ayudarlos a  en su mejoramiento profesional. Por tanto ella se apoya en la organización político-territorial, y no se confunde con ella, pero participa   en dicha organización con voz  y voto a través de sus voceros. Y sus voceros son los representantes de las organizaciones que hacen vida en la comunidad. (Escuelas, hospitales, grupos culturales, sedes bancarias,  centros comerciales, los comercios,  las escuelas, los liceos, sus universidades, obreros, trabajadores,  es decir todos los que habitan ella).
     En una ciudad pedagógica  la escuela junto a las demás organizaciones se convierte  en  los centros fundamentales  para el cambio y renovación de los saberes, para el trabajo en equipo,   para  el cultivo del  liderazgo,  para armonizar  y concertar esfuerzos; pero  no  se   dejan  de lado  las organizaciones académicas, culturales, políticas, constituyéndose   en un medio  para ayudar a repotenciar las capacidades del hombre. Así por ejemplo, sabiendo que la escuela es una de las instituciones  más viejas   creadas por el  hombre para  capacitarse, mejorar sus condiciones de vida  y la de sus congéneres,  ella se ve afectada  por los propios procesos  que en una ciudad  pedagógica  se suceden. Afección que debe ayudarla en su dinamismo  y en su evolución. Por tanto en la ciudad pedagógica, la escuela deja de ser un centro  cerrado para convertirse en un sistema  integrado al mundo cultural, social, político, cultural, administrativo  y gerencial del mundo de hoy. Como una gran empresa   está en la obligación   de integrarse a la sociedad en un proceso continuo  y permanente. La naturaleza global  nos obliga a pertenecer   al planeta entero, y las conquistas del hombre no son solo de un grupo sino que se abre  a través de las redes  informáticas   al  planeta. Como dice Bertalanffy (1976:214)” las diferencias entre oriente y occidente  acaban  por volverse insignificantes, en vista de la semejanza en la cultura material, que a la larga demostrará ser más fuerte que la diferencia ideológica”.
Es por este rumbo que vemos nacer la ciudad pedagógica  y que de alguna manera nos incita a pensar en un  nuevo modelo de hombre, que es el hombre ciudadano activo que conoce  y  comparte su vida con el otro, que  conoce  y práctica sus valores. Un hombre inserto en un subsistema  sociocultural económico  y político   que vive  y da significado a lo que aprende  y lo práctica, que respetando al otro,  afianza sus valores  éticos, morales y espirituales. En una ciudad pedagógica cada uno tiene  una  meta  pero todas ellas confluyen  un fin: Formar  al hombre como ser humano. La escuela no se escapa  en ninguna de sus manifestaciones  en los diferentes niveles del sistema educativo. Veamos el planteamiento de Le Corbusier con respecto a la ciudad  radiante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario